Mario Vázquez Carballo - Vicario general  de la Diócesis de Lugo

LOS MAGOS: HISTORIA DE UN ASOMBRO

enero 10, 2026 · 20:20 X

Inmersos en el clima espiritual de la Navidad, en el que hemos contemplado el nacimiento del Hijo de Dios, hemos comenzado también el año nuevo con los mismos sentimientos: acogiendo bendiciones y transmitiendo buenos deseos para todos. En estos días recientes la Iglesia nos ha hecho celebrar la fiesta de la Sagrada Familia y, el primer día del año, la solemnidad de Santa María Madre de Dios, junto con la Jornada Mundial de la Paz.

Y hace apenas unos días, el calendario litúrgico nos introdujo en el misterio de la Epifanía con el relato de los Magos de Oriente y la estrella que los guía hasta Jerusalén. Esta fiesta de ilusión y obsequios para los niños, de fantasía e imaginación para las mentes infantiles, encierra, sin embargo, un sentido mucho más profundo: celebramos a Cristo, luz del mundo, y su manifestación a los pueblos y naciones; también a los gentiles, coherederos y partícipes de la promesa de Jesucristo.

Los primeros cristianos llamaban al cristianismo “el Camino”. No es casual que en el relato de los Magos aparezca este término dos veces: después de la decepcionante entrevista con Herodes (“los magos se pusieron en camino”) y después de haber vaciado sus cofres (“se marcharon a su tierra por otro camino”). Es un detalle revelador: quien se encuentra con Cristo no solo emprende un viaje exterior, sino que vuelve transformado, diferente, como si ya no pudiera caminar por las mismas sendas de antes.

En esta bella historia está escrita la travesía existencial de tantos seres humanos que se atrevieron a abandonar seguridades vanas y se decidieron a buscar caminos nuevos de luz; estrellas que orientan y conducen hasta el encuentro con el Camino, la Verdad y la Vida.

Es una pena la facilidad con la que algunos renuncian a las ilusiones de la fe y se encierran en sí mismos desde la increencia, el agnosticismo o el ateísmo militante; muchas veces fundamentado en la “fe del carbonero”, con un “orgullo del alma” que les impide volar como nubes y palomas al palomar.  Todos vieron la estrella, pero no todos comprendieron su sentido. Cristo nació para todos, pero no todos lo acogieron.

Hacen falta seres humanos que, como los Magos, alimenten una gran esperanza y posean por ello una gran valentía y coraje. Ellos emprendieron un largo viaje siguiendo una estrella y comprendieron la grandeza que supone arrodillarse ante un Niño y ofrecerle dones preciosos, eran auténticos sabios.

Qué bien representa nuestro Cornelis de Holanda, en el antiguo retablo renacentista de nuestra hermosa Catedral, este acontecimiento. El Niño se inclina hacia los reyes y ellos le miran con asombro. Asombrarse ante lo inefable, esto es lo que necesita la humanidad y todos nosotros.

Mario Vázquez Carballo

Vicario general  de la Diócesis de Lugo