Mario Vázquez Carballo | Vicario general de la diócesis de Lugo

CUARESMA Y DESCONEXIÓN DIGITAL

febrero 21, 2026 · 19:36 X

En un mundo hiperconectado y distraído, donde la codicia, la corrupción y las tentaciones en los desiertos de la modernidad erosionan el espíritu, la Cuaresma emerge como un oasis espiritual. Este tiempo litúrgico de 40 días que la tradición católica celebra con posterioridad al carnaval, invita a recuperar el silencio, la paz interior y la espiritualidad cristiana.

Cada vez resulta más complicado dedicar algunas horas a la lectura, a la meditación y a la vida contemplativa retirados del mundanal ruido y de las prisas que ahogan la existencia cotidiana. Sentarse a conversar con alguien sin la presencia inoportuna de un teléfono sobre la mesa que reclama tiránicamente una atención permanente, sin parar de vibrar o sonar, resulta cada vez más difícil e se nos presenta ya como una inevitable exigencia que forma parte de la realidad.

La cuaresma cristiana que comienza con la imposición de la ceniza urge la conversión interior, personal y comunitaria a través de las prácticas del ayuno (como símbolo y forma de purificación personal y comunitaria), de la oración (como expresión de nuestra relación de fe con el Dios que salva y libera del mal y del pecado) y de la limosna (como manifestación de la dimensión caritativo-social y como forma de compartir nuestros bienes con los necesitados).

Este camino de conversión y de libertad evoca el éxodo del pueblo de Israel y su camino por el desierto hacia la Tierra Prometida y las tentaciones de Jesús en el desierto. Tentaciones cargadas de actualidad, las propias de todo ser humano: idolatría, materialismo, poder, placer y autosuficiencia. Los desiertos de la modernidad marcados por la corrupción, la avaricia, la indiferencia y los mercados de vampiros y zombis irrumpen en nuestras existencias cotidianas y en nuestros propios hogares para convertirnos a todos en mercancía. El universo digital diluye las fronteras clásicas entre vida privada y pública con una sutileza que nos convierta a todos en proletarios y siervos de la “nube”.

La cuaresma de 2026 debe pasar también por una desconexión digital, cargada de radicalidad, por la honda necesidadque tiene el ser humano de desvincular su vida privada de fines utilitaristas y de protegerse de la exterioridad para que ésta no perturbe la interioridad. Frente a la concepción de la existencia en términos de trabajo y rendimiento, la oración, la vida espiritual, la contemplación, el tiempo para la escucha y para el pensamiento, la lectura pausada y la fiesta unida a lo celebrativo y lúdico, deben volver a conformar con urgencia la esencia de lo humano y la naturaleza de los reflejos de la divinidad que nos habitan.

Desconectar de los demonios de la tecnología y aprender a discernir adecuadamente supone una nueva forma de combate espiritual para re-almarse frente a las existencias des-almadas que se acercan en formas muy sutiles pero engañosas.

La tradición bíblica atesora un caudal de experiencias de desconexión capaces de fecundar estrategias liberadoras seculares cumpliendo así funciones saludablemente terapéuticas y existencialmente críticas.

La búsqueda de la verdad nos enseña que es voluntad de Dios que seamos personas fuertes, seguras, libres, en íntima relación con Él, brillando desde el interior; luchadores creativos en favor del bien, guardianes vigilantes de la creación amenazada, amigos de fiar de los pobres y necesitados. Por un tiempo uno puede convertirse en el rey del sofá, relajarse indefinidamente; uno puede mentirse a sí mismo acerca de su propio vacío interior ante un ordenador portátil, entregarse libremente a la esclavitud de las pantallas, pegarse al monitor hasta el amanecer o llevar una vida como un apéndice de Facebook. Pero Dios no nos ha creado para esto. Y si no eres creyente, puedo asegurartequeno eres, ni debes ser,“un triste y obediente ordenador con patas”.

El Papa Benedicto XVI afirmaba que, en una sociedad distraída,donde “la contaminación tóxica de palabras vacías y críticas apresuradas” asfixia el alma, el silencio cuaresmal permite “respirar de nuevo” y abrir el corazón al soplo divino.

Mario Vázquez Carballo

Vicario general de la diócesis de Lugo