Mario Vázquez Carballo - Vicario General de la Diócesis

LA BÚSQUEDA RELIGIOSA Y LA NUEVA ESPIRITUALIDAD

febrero 7, 2026 · 23:38 X

Muchos vemos con satisfacción como el movimiento pendular de la cultura comienza a decantarse en Europa hacia lo religioso. Es una pequeña ventana de aire fresco para unos esquemas mentales cuyo futuro podía peligrar por esterilidad.

Los síntomas de esta cultura popular no se expresan solamente en la música (Rosalía o la Oreja de Van Gogh), el teatro (“El Hijo del Hombre”, “Godspell”), el cine (“Los domingos”) sino también en la literatura, el ensayo y la novela. Es cierto que Rosalía ha contribuido a iniciar este debate con la publicación de una cita de la filósofa y mística católica francesa Simone Weil en su último trabajo, LUX. No obstante, su interés por la espiritualidad viene de lejos. En el año 2017 publicó un video bajo el título “Aunque es de noche”, en homenaje a la poesía de San Juan de la Cruz y a su relevante “sed de Dios”, aludiendo al encuentro de Jesús con la samaritana (Jn 4, 7) y a aquel entrañable diálogo en el que Jesús le dice: “Dame de beber”. Bella metáfora del Dios añorado en los nuevos areópagos y de la crisis espiritual de la democracia.

A este respecto, recomiendo la lectura de J. Weiler (La crisis espiritual de la democracia. Polarización, totalitarismo y relativismo, Cordoba, 2025), relato de las tristes consecuencias de cuando la democracia olvida al ser humano y diagnóstico propositivo de caminos de renovación para restaurar el bien común y la dignidad humana.

La búsqueda religiosa es hoy búsqueda de espiritualidad. De esta tesis se siguen inmediatamente dos retos significativos para la Iglesia, sobre todo en Europa: la demanda de valores innegociables (libertad, justicia, bien común) y de sentido de la vida y la añoranza ascético-mística de transcendencia y de salvación. En este contexto, a la Iglesia se le pide que sea maestra de la verdad y de espiritualidad y que se preocupe y ocupe de ofrecer, más allá de ofertas sincretistas y engañosas, una espiritualidad cristiana que hunda sus raíces en el Evangelio.

Es cierto que la sociedad ha cambiado. Los nuevos paradigmas socioculturales han destruido la hegemonía de los monopolios y experimentan una transformación radical hasta tal punto de que hoy, la noticia, la anomalía, lo subversivo, lo que perturba la aparente tranquilidad socio-política es la voluntad de dar trascendencia a lo que nos transciende. Al contrario, lo inmanente pone de manifiesto la caducidad e insuficiencia de una concepción relativista de la persona cuando se trata de justificar y defender sus derechos.

Para muchos, Dios ya no obstaculiza las ansias de libertad del ser humano y entienden desde la razón y la fe, que es mas consolador y gratificante para la pacificación personal y colectiva convivir tranquilamente con un Dios amigo, que siempre está ahí, y que extiende la mano en oferta generosa para aquellos que de ella se quieran asir. Ratzinger (Verdad, valores, poder: Piedras de toque de la sociedad pluralista, Madrid, 2005) llama la atención sobre un hecho comprobado históricamente: que las grandes dictaduras se caracterizaron por ser grandes sistemas anónimos carentes de interrelaciones con una declarada intención de uniformizar a los ciudadanos. Y dada la profunda relación que existe entre cristianía y ciudadanía, los creyentes no estamos exentos de estos peligros.

El académico Javier Cercas, en su última novela, “El loco de Dios en el fin del mundo”, se identifica con el loco sin Dios de Nietzsche. El loco de la linterna no percibe euforia por la muerte de Dios, al contrario, se siente desolado porque sin Dios, sin luz, todo carece de sentido. En la citada novela, Cercas, confiesa su admiración por la fe de su madre, que alimenta la esperanza de un reencuentro feliz con su padre en el seno de la divinidad. En todo caso, la sed y el hambre espiritual, como el hambre y la sed fisiológicas, son connaturales a nuestro ser. Que no nos engañen.

Mario Vázquez Carballo

Vicario General de la Diócesis