MIGUEL ÁNGEL ÁLVAREZ PÉREZ | 22 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Las procesiones o cómo sacar a los santos de paseo

septiembre 21, 2019 · 22:00 1

Antes de nada, quiero pedir perdón por el título. Quizás no sea el más adecuado, pero ya se sabe que últimamente, los títulos están más para enganchar al personal que para hacernos un resumen del artículo.

Los que me conocen, saben que uno de mis intereses como cura es contribuir a que tengamos una fe y una práctica de esta lo más auténtica posible. Que sea una fe que dé sentido a nuestra vida y no solo un cúmulo de tradiciones y sentimientos de los cuales desconocemos ya su origen.

Una vez más quiero aclarar que no juzgo la bondad o maldad de los fieles, pues bien sé que la mayoría de las veces que hacemos las cosas mal respecto a los asuntos de la fe no es con mala intención, sino por desconocimiento o por una simple traición de nuestros sentimientos. Tampoco quiero pecar de iconoclasta.

Venimos del verano, tiempo de fiestas y, por tanto, de procesiones después (a veces antes) de las misas. Quizás debiéramos empezar por recordar lo que es una procesión. Nos basta acudir a cualquiera de los diccionarios que hay en la Red:

«(Del latín processus, acción de avanzar). Caminar comunitario de unas personas detrás de otras con sentido religioso. En la liturgia romana de la Misa hay varias procesiones […] Durante el año litúrgico están señaladas procesiones especiales […] Además suelen hacerse procesiones fuera del templo llevando el Santísimo Sacramento bajo palio o las imágenes de la Virgen María o de los santos en sus fiestas» (Aciprensa).

Podríamos añadir a esta definición que una procesión es también una manifestación pública de nuestra fe, en la que pedimos la intercesión de los santos para que el Señor bendiga nuestras ciudades, pueblos o campos

Supongo que estamos todos de acuerdo con la definición. Pero ¿se corresponde con la realidad?

Después de un verano de fiestas y «procesiones» tengo la sensación de que lo que estamos haciendo es más bien sacar las imágenes de los santos de paseo, tratando de terminar pronto, al tiempo que pasamos por el medio de un pasillo, en el que a un lado están ya algunos con el vermut en la mano, del otro un ejército de paparazis con sus móviles inmortalizando el «paseo» y, por detrás, la banda tocando la pieza acostumbrada para este momento.

Solo unas pocas personas de la multitud que está en el campo de la fiesta o en las calles hacen el recorrido de la procesión con un auténtico sentimiento religioso y como una profesión pública de la fe. Por cierto, que el orden en las procesiones es el contrario a cómo lo hacemos habitualmente: primero los fieles en dos filas, detrás de la cruz procesional, y, por último, las imágenes de los santos.

Hablamos de la procesión como una manifestación. Si se fijan, las manifestaciones civiles (normalmente reivindicativas) tienen una estructura similar a las religiosas, tanto en la forma como el fondo: dar a conocer una causa y mostrar nuestro apoyo detrás de una pancarta (estandarte) identificativa con un mensaje. A nadie se le ocurriría ir a una manifestación sin conocer bien los motivos de esa manifestación o solo ir por ir o ir riéndose de los demás.

No sé, quizás en nuestras procesiones también tengamos que decir eso de «¡no nos mires, únete, no nos mires, únete!», para que otros también puedan descubrir la grandeza y el gozo de seguir, como hicieron los santos al más grande, Jesucristo, y que no se quede todo en sacar a los santos de paseo una vez al año.

Miguel Ángel Álvarez Pérez

Párroco de A Fonsagrada

Foto: Elentir

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