Carta Pastoral del obispo de Vitoria

De una parroquia de mantenimiento a una parroquia misionera

agosto 29, 2017 · 23:01 0

“Id pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”. Mateo 28, 19-21

“De una parroquia de mantenimiento a una parroquia misionera”, de James Mallon, en BAC Pastoral, ha sido mi libro del verano. Recomendable para todas las edades y vocaciones. Imagino que el título coincide con el deseo de la mayoría de la Diócesis y más en este curso pastoral en el que abordaremos el Plan Diocesano de Evangelización y en cuyo primer trimestre quedarán constituidos el Consejo Pastoral Diocesano y el Consejo Presbiteral. Es, desde luego, el tema que ha rondado mi corazón durante estos meses. Compartí con toda la Diócesis mis impresiones sobre el final del curso pastoral al comienzo del verano y quiero compartir ahora mis deseos al final del mismo, antes de estrenar el curso 2017-2018.

Mis deseos para toda la Diócesis hablan de:

Experiencia de Dios

La Iglesia existe para evangelizar transmitiendo la experiencia de filiación de Jesús Hijo de Dios. En los días del Camino de Asís con los jóvenes — mis vacaciones y muy a gusto — nos sumergimos en la experiencia de Francisco y Clara. Estaban tan llenos de Dios que transformaron la Iglesia de su tiempo porque su corazón se había transformado. La gente a su lado cambiaba de vida y se hacía mejor. Mallon dice que en las comunidades de mantenimiento no suele haber cambios de vida, conversiones o decisiones valientes. Resuena la voz del Papa Francisco en Evangelii Gaudium 25: “Ya no nos sirve una simple administración. Constituyámonos en todas las regiones de la Tierra en un estado permanente de misión”.

La experiencia de Dios, la oración profunda y la transformación del corazón, no pueden ser privilegio de unos pocos. A esto está llamada toda la comunidad cristiana y más los miembros que tienen responsabilidades pastorales. Si no, se quemarían gastados generando esterilidad.

El Servicio Diocesano de Animación Bíblica de la Palabra con sus sesiones semanales, su trabajo on line, sus retiros y sus actividades puntuales es una realidad espléndida en este sentido. Igualmente, las distintas iniciativas oracionales de tantas parroquias, unidades pastorales, arciprestazgos y comunidades. Reitero el deseo de dar a conocer estas iniciativas a través del Secretariado Diocesano Medios de Comunicación Social y de la página web.

Tengo especial ilusión este curso en el “Equipo de Espiritualidad” constituido el año pasado para impartir Ejercicios Espirituales, retiros y experiencias de oración para toda la diócesis. Es un equipo plural e ilusionado: un escolapio, un salesiano, 2 de San Viator, 3 sacerdotes, una religiosa de Nevers y 2 laicas. Lógicamente yo he renunciado a dar Ejercicios fuera de la Diócesis, pero pienso seguir privilegiándolos en nuestra diócesis y coordinando este equipo. Se anunciará con precisión en www.diocesisvitoria.org y ya en este trimestre habrá una tanda en el puente del Pilar para los jóvenes y en el puente de la Inmaculada para los adultos. El Seminario ya dispone de 18 habitaciones más, así que se trata de sensibilizar a todas las parroquias y comunidades.

La conversión pastoral de la que habla el Papa presupone la conversión personal y por eso todos los puentes y recursos para que ésta ocurra son pocos. Sin la experiencia de Dios, sin la transformación del corazón, nos quedamos en rituales, tradiciones, organizaciones burocráticas y mantenimiento de edificios. Lo de aquel sacerdote generoso que se fue secando: “Lo que hacía me deshacía”.

Comunión eclesial

Sólo en las comunidades donde hay comunión eclesial y amor a la Iglesia hay vida, crecimiento y futuro. Donde no hay comunión eclesial prima la ideología, los personalismos y los prejuicios, siendo el resultado el cansancio y la tristeza. La Diócesis de Vitoria está abierta de par en par a todos los carismas en comunión con la Iglesia. Reconoce que todos somos necesarios y que nos necesitamos unos a otros porque nadie agota la riqueza de la fe. Juntos nos completamos, nos enriquecemos y nos animamos. Quien tiene y alimenta su propia identidad se alegra de las diferencias porque se trata de sumar y no de restar.

El conflicto es parte de la vida y también de la vida de la Iglesia. S. Pablo relata su fuerte discusión con San Pedro en Antioquia en Gálatas 2, 11-13. Sólo se pueden permitir el lujo de discutir así si comparten una misma pasión por Cristo y por su Iglesia. Sé muy bien que cualquier decisión de quien tiene autoridad provoca críticas.

Como hasta ahora, hechas las debidas consultas, con el consejo de mis vicarios y tras el oportuno diálogo, yo seguiré tomándolas y seguiré estando cercano para quien quiera pedirme explicaciones. No temo las diferencias si son entre quienes compartimos la pasión por Cristo y por su Iglesia. Desde la fe, hemos de tener el coraje de poner al descubierto nuestras discrepancias con el ánimo de unir corazones y voluntades en la búsqueda de la voluntad de Dios. La obediencia de la fe siempre está imbuida de oscuridad, pues nadie obedece directamente a Dios, sino que su voluntad siempre aparece mediada, y estas mediaciones llevan la carga de la finitud y de la concreción.

Este curso espero mucho de los Encuentros sacerdotales de diálogo, de los foros para la elaboración del Plan Diocesano de Evangelización y de las Celebraciones comunes a toda la Diócesis. Tendremos este curso muchas ocasiones de vernos, tratarnos y de seguir conociéndonos y queriéndonos. Seguiré reuniéndome con los jóvenes que no tienen Eucaristía de referencia los domingos a las 19:30 en San Miguel. Vamos a seguir facilitándoles los puentes. Como suelo ser bastante fiel a la cita, la gente ya sabe también dónde encontrarme. Varias veces en mis cartas he insistido y motivado la celebración de la Eucaristía de la familia en todas las parroquias o unidades pastorales. En la Visita Pastoral que iniciaré pronto elegiré esa Eucaristía para compartirla con la comunidad. La Misa de Familias de la Catedral Nueva los domingos a las 12:30 no es una iniciativa diocesana sino de la propia Parroquia María Inmaculada que está haciendo un gran esfuerzo por potenciar la pastoral familiar de su comunidad. En dicho templo se seguirán haciendo las convocatorias que se prevean más multitudinarias como la del día del Corpus Christi, este año con una participación sin precedentes.

Alegría evangélica

El Papa Francisco ha inaugurado una etapa pastoral marcada por la alegría. Ya os he contado que cuando recién nombrado obispo le saludé en la plaza de San Pedro, él me gastó una broma y al reírme, me dijo: “¡Hombre, un obispo alegre! Nuestras comunidades tienen un ánimo muy bajo. ¡Los pastores estamos para levantar el ánimo de las comunidades!” Yo soy alegre y habitualmente vivo contento. Sé que en ello tiene mucha parte mi familia, mi carácter y mi historia, pero sé que la fuente de mi alegría está recogida en mi lema episcopal, por otra parte, compartible con todos vosotros y con los mismos derechos: “Tú eres mi hijo amado”. Marcos 1,11. Éste es el verdadero motivo de la irreprimible alegría cristiana que nadie nos puede arrebatar. La certeza de que Dios te ama incondicionalmente me gustaría que fuera el hilo conductor del curso y el alma de nuestra diócesis.

Esta alegría yo la capto especialmente en los jóvenes, tan ajenos a los cotilleos eclesiásticos. En las familias, la alegría suele venir por el relevo generacional, los niños y los jóvenes, y si no hay relevo la familia se acaba. Algo así pasa en nuestras comunidades. Nuestros jóvenes cristianos están lógicamente volcados al futuro. Entienden lo que el Papa escribió a mano para el Cónclave: “Un Iglesia que no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces enferma”. Ha dicho muchas veces que las Iglesias pobres suelen ser alegres y que las ricas son tristes y autorreferenciales porque “el bienestar pesa” (Cardenal Martini). La Iglesia de Vitoria quiere ser Iglesia en salida y hacia los pobres y por ello quiere privilegiar la pastoral vocacional; porque nos va en ello nuestro futuro y eso supone seguir trabajando mucho y con mucha alegría. Os dije que llamaría a todas las puertas y así lo estoy haciendo. Trataré de dedicar lo mejor de mis esfuerzos y de los de la diócesis a seguir promoviendo una cultura vocacional. Cada vez me voy encontrando con más colaboradores y más entusiastas. Pero ¿sabéis qué es lo que más frena esta alegría, motor del movimiento vocacional y fuente de un trabajo inagotable?: el cotilleo eclesiástico.

Así hablaba el Papa Francisco en una homilía en Santa Marta el 18 de mayo de 2013:

“¡Cuánto se chismea en la Iglesia! ¡Cuánto chismeamos nosotros los cristianos! En el chisme es propio despellejarse, ¿no? Es maltratarse el uno al otro. ¿Como si se quisiera disminuir al otro, no? En lugar de crecer yo, hago que el otro sea aplanado y me siento muy bien. ¡Esto no va! Parece agradable chismear… No sé por qué, pero sienta bien. Como un caramelo de miel, ¿verdad? Te comes uno —¡Ah, qué bien! —Y luego otro, otro, otro, y al final tienes dolor de estómago. ¿Y por qué? El chisme es así: es dulce al principio y luego te arruina, ¡te arruina el alma! Los chismes son destructivos en la Iglesia, son destructivos… Es un poco como el espíritu de Caín: matar al hermano, con su lengua; ¡matar a su hermano… Hacemos tres cosas… El cristiano no difama ni calumnia: Primero desinformarnos, decir solo la mitad que nos conviene y no la otra mitad; la otra mitad no la decimos porque no es conveniente para nosotros. En segundo lugar, está la difamación: Cuando una persona realmente tiene un defecto, y ha errado, entonces contarlo, “hacer de periodista”… ¡Y la fama de esta persona está arruinada! Y la tercera es la calumnia: decir cosas que no son ciertas. ¡Eso es también matar a su hermano! Todas estas tres —la desinformación, la difamación y la calumnia— ¡son pecado! ¡Este es el pecado! Esto es darle una bofetada a Jesús en la persona de sus hijos, de sus hermanos… Es por eso que Jesús hace con nosotros como lo hizo con Pedro cuando lo reprende: “¿A ti qué te importa? ¡Tú sígueme!” Juan 21,22. El Señor realmente nos “señala el camino”…El chisme no te hará bien, porque te llevará a este espíritu de destrucción en la Iglesia”.

La Iglesia de Vitoria tiene cauces dignos de expresión y de contraste en un sano espíritu crítico. Yo soy el primero en estar abierto a todo diálogo y en todo momento. Estoy muy contento de los cambios sacerdotales en este primer año, aunque soy consciente de que algunos sobre todo han ido acompañados de dolor. Yo, gracias a Dios, también he sufrido y mucho. En todos ha habido un deseo del mayor bien para las comunidades y para los propios pastores. Allí donde eso no se perciba tan claramente no tengo ningún inconveniente en manifestar, hasta donde la discreción permita, las razones que, debidamente aconsejado, me han movido a ello y el diálogo que por mi parte ha habido y hay en todo momento.

Opción por los pobres

Los sacerdotes que están cambiando de comunidad estos días entienden muy bien lo que conlleva la pobreza evangélica. Por el envío del Obispo, mediación del envío del Señor, dejan sus seguridades y se aventuran a un futuro incierto en el servicio a su pueblo. Las celebraciones de Inicio de Ministerio ayudan a los nuevos párrocos a reestrenar el sacerdocio y a las comunidades a renovarse. Me están impresionando también las Hermanitas de los Pobres cuya partida de Vitoria lamentamos. Su servicio a los pobres es tal que, siendo ellas las que más sufren esta salida lo hacen con alegría siguiendo al Señor y sin saber a dónde irán. Son realmente pobres. No hay pobreza sin disponibilidad.

Es peligroso acostumbrarse a un discurso teológico correcto sobre la pobreza y mantener a la vez actitudes ricas, prepotentes e inmisericordes y una vida cómoda y burguesa. Se nos puede llenar la boca hablando de los pobres, pero a nuestro lado los pobres en amor, en carácter, en suerte, en atractivo, en cultura, en sensibilidad religiosa y también en dinero, a nuestro lado esos pobres se nos pueden hacer invisibles. No basta derivar los “casos” a las instituciones eclesiales que en la diócesis lideran la lucha contra la pobreza. La atención de la Iglesia al pobre no es sólo como la atención del Ayuntamiento, la Diputación, o el Gobierno Vasco. La cercanía de los pobres nos tiene que hacer mejores, más buenos, humildes y agradecidos.

Me está ayudando mucho estos días el “repaso” de la Evangelii Gaudium y en concreto de los temas sociales que a mí me toca abordar en la Conferencia Episcopal. Dice, por ejemplo:

“Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica… Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos… Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos… Puesto que esta Exhortación se dirige a los miembros de la Iglesia católica quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria”.

Me gustaría secundar las palabras de Jesús: “Rema mar adentro y echad vuestras redes para la pesca”. Lucas 5,4. Tenemos ante nosotros un curso pastoral apasionante. Que antes de reiniciar la faena tengamos conciencia agradecida de Quién nos envía y con quién. ¡Ojalá haya pesca abundante! Yo tengo más ganas que nunca de seguir trabajando pastoralmente a fondo y de acompañaros. Juntos vamos a concretar, como lo está haciendo la Iglesia, qué es pasar del mantenimiento a la evangelización, pero la actitud personal nace del propio corazón y ahí, con el Señor, sólo tú tienes algo que decir. Cómo está tu corazón no depende del Plan de Evangelización ni del momento diocesano. Sólo uno es responsable de su propio corazón. Y eso sí marca la familia, la parroquia o la comunidad. Estoy a vuestra disposición y abierto a vuestras sugerencias. Nos encomendamos todos.

Un abrazo con todo mi afecto y mi bendición

+ Juan Carlos Elizalde

Obispo de Vitoria

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