FALANDO BAIXIÑO 128 | 15 DE FEBREIRO DE 2017

Esta semana

febrero 14, 2017 · 23:14 0

“Para reconocer a Dios debemos abandonar la soberbia que nos ciega. Para encontrar a Dios es necesario ser capaces de ver con el corazón. Debemos aprender a ver con un corazón de niño, a quienes los prejuicios no obstaculizan y los intereses no deslumbran”. (Benedicto XVI. Homilía 16 Marzo 2008)

El fin de semana pasado se celebró la Campaña contra el hambre de Manos Unidas. Como otras veces comento con retraso las cosas, pero nunca es tarde para colaborar con las buenas iniciativas que se nos proponen.

Es la campaña número 58. El lema de este año es “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida”.

En la web de Manos Unidas se nos dice que «un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mientras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo. Manos Unidas nació como Campaña contra el Hambre para dar respuesta a una llamada de la Comunidad Internacional a unir esfuerzos y acabar con esa lacra en el mundo. Sesenta años después asistimos a lo que San Juan Pablo II denominó “la paradoja de la abundancia”: a pesar de que se produce lo suficiente para alimentar a casi el doble de la población mundial actual, sigue habiendo 800 millones de personas a las que se niega el derecho fundamental a alimentarse».

Esto debería hacernos pensar un poco en lo que tenemos, en lo que hacemos y en el estilo de nuestra vida personal y las implicaciones que eso tiene para la vida de los demás, estén cerca o lejos de nosotros.

Como siempre, en la página web de Manos Unidas tenéis abundante información sobre esta campaña y las demás actividades de esta organización de la Iglesia.

[Página web de Manos Unidas]

Formación online

Hoy vamos a hacer un paréntesis en los temas del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.

El motivo es que una lectora está preparando una serie de temas de formación litúrgica. Que Dios se lo pague.

Es interesante conocer los detalles de la celebración eucarística. No en vano la mayor parte de las veces que entramos en una iglesia es para “ir a Misa”. El título del tema de hoy, como veis, es muy sugerente.

@El correo de los lectores

No me puedo quejar. Cuando ya creía que no tenía correo de los lectores de esta semana apareció un nuevo testimonio. El título es cosa mía. Está claro que Dios es providente. Sigo diciendo que es lo mejor de esta página.

Si no fuera que es muy complicado, quizás habría que organizar “una quedada” entre todos los que recibís este correo de los miércoles para conocernos y pasar un día de convivencia. A lo mejor un día se pueda hacer…

En el testimonio de hoy seguro que muchos os veréis reflejados. No es necesario haber sido antes un “cafre” de proporciones ilimitadas para convertirse y ser ahora un converso al estilo de san Pablo o san Agustín. También se puede ser cristiano habiéndolo sido desde siempre, incluso desde el seno materno. Sea como sea nuestra historia personal, Dios siempre va a estar ahí: con nosotros o esperando por nosotros.

[Testimonio: “Me creía una buena cristiana”]

Más cosas

No os olvidéis de seguir rezando los unos por los otros y también por nuestra Diócesis de Lugo. Estamos en cambio de época y esto supone algunas tensiones y más que vendrán. Os pido también oraciones por Santiago, un niño del que os hablé el año pasado en varias ocasiones y que vuelve a estar malito. Rezad por él y por sus padres.

La reflexión de hoy viene de un cura de fuera de nuestra Diócesis, pero muy conocido para muchos. Se trata de Xosé Manuel Carballo. El domingo pasado escribió en “El Progreso” sobre “algunas cosas interesantes” a propósito del aniversario de ordenación de nuestro obispo.

[No aniversario da ordenación do bispo de Lugo]

Última hora

Cuando ya tenía preparado todo lo de esta semana, me llamaron para comunicarme la muerte repentina del cura de mi parroquia natal, D. Ramón Rodríguez Mondelo. No tuve tiempo ni medio para actualizar el envío, solo para escribir esta pequeña nota. El próximo número se lo dedicaré a él. DEP.

Formación online

“Antes del banquete… presentémonos”

Cuando participamos en una comida, antes de sentarnos a la mesa, nos presentamos para que nadie quede sin conocerse y la comida discurra en un clima de fraternidad.

Esto es lo que voy a intentar hacer, en este pequeño comentario: presentar a los distintos invitados al banquete eucarístico.

Hasta el Vaticano II al sacerdote se le llamaba “celebrante” y a los fieles “asistentes”. Después de la reforma litúrgica del Concilio, se llaman “celebrantes” todos los que participan en la Eucaristía, naturalmente con distintos ministerios. ¿Quiénes somos los invitados?

El sacerdote, representa a Cristo, Cabeza de la Iglesia. Su misión es presidir la Eucaristía, en nombre de todos .

El diácono es el encargado de llevar y proclamar el Evangelio.

Al monitor le corresponde animar la celebración con sus explicaciones de lo que vamos a hacer en cada momento. También marca el ritmo de la celebración.

El lector o lectores son aquellos designados para leer la Palabra de Dios a toda la asamblea.

El salmista es el encargado cantar el salmo. Este puede ser sustituido por un lector.

El acólito: se llama acólito al individuo que, sin tener órdenes, puede actuar en situaciones extraordinarias, como ministro de la comunión y colaborando con el sacerdote o el  diácono en las celebraciones litúrgicas.

Los miembros del coro son los que se encargar de animar la celebración con la música y el canto.

Los fieles: nombre que recibimos todos los bautizados que no sólo asistimos, sino que participamos asiduamente en la celebración Eucarística, aunque no ejerzamos ningún ministerio. No somos, mejor dicho, no debemos ser  “asistentes”, sino “celebrantes”.

Todos participamos, pero no todos intervenimos. La “participación” nos corresponde a todos y hemos de procurar que sea plena, consciente y activa ,tanto del grupo como individualmente, es decir, poniendo alma, vida y corazón. A esto han de ayudar quienes “intervienen” en cada momento puntual, leyendo, cantando etc.

Pero no porque intervengan muchos participamos mejor. La participación es algo muy personal. Es meterse uno mismo en la celebración. Es sentirse realmente ante el Señor y los hermanos. Es vivir en cada momento el misterio que estamos celebrando, lo que el sacerdote, en nombre de todos, está haciendo, junto con la repercusión que todo ello produce en mí, gracias a la plena participación hecha de escuchas, respuestas, cantos, silencios, posturas y gestos.

Que Dios nos ayude a participar dignamente en cada Eucaristía.

[Bibliografía: Diccionario de términos religiosos y afines. Ed. Verbo Divino]

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