José Mario Vázquez Carballo - Vicario General de la Diócesis de Lugo

LA PAZ, UN BIEN FRÁGIL Y DESEADO

marzo 9, 2026 · 20:46 X

La paz es un bien y un don. Es uno de los bienes más deseados y preciados de la humanidad, es el más anhelado, un ideal a conseguir, un valor al que buscar y por el que todos por nuestra naturaleza humana estamos llamados a trabajar. “Busca la paz y corre tras ella” reza el salmo 34.

En las religiones y especialmente en el cristianismo la paz es un don fundamental y un concepto esencial que ocupa un lugar muy especial en la reflexión teológico-moral. “Gloria a Dios y paz en la tierra”… es el anuncio que se ofrece a la humanidad acompañando al nacimiento del Hijo de Dios en la historia. Al Niño que anuncia el profeta Isaías lo llama “Príncipe de la paz”. De su reino se dice: “La paz no tendrá fin”.

Para los cristianos la palabra paz ha adquirido un significado muy especial: se ha convertido en una expresión idónea para designar la comunión en la Eucaristía. En ella está presente la paz de Cristo. A través de todos los lugares y espacios en donde se celebra la Eucaristía se extiende en el mundo entero una red de paz. Las comunidades reunidas en domingo en torno a la Eucaristía forman un reino de paz vasto como el mundo. El Papa Benedicto recordaba en una homilía de Nochebuena esta realidad misteriosa: “Cuando celebramos la Eucaristía nos encontramos en Belén, en la casa del pan. Cristo se nos da, y así nos da su paz. Nos la da para que llevemos la luz de la paz en lo más hondo de nuestro ser y la comuniquemos a los demás; para que seamos artífices de la paz y contribuyamos así a la paz en el mundo”.

San Francisco de Asís rezaba a Dios pidiéndole que donde haya discordia nazca la paz; que surja el amor donde reina el odio; que surja la luz donde dominan las tinieblas, que seamos todos portadores de paz.

Este don del Espíritu Santo debe ser acogido y cultivado. Donde está el Espíritu Santo hay paz, cesa toda inquietud interior, la tristeza desciende, aumenta la alegría, y los demás buscan tu cercanía y amistad, porque estás en armonía contigo mismo, con las demás personas, con la naturaleza y los animales, y sanarás a los seres humanos de sus miedos vitales y dudas.

Esta realidad tan deseada se nos presenta frágil, quebradiza, temblorosa, pequeña y necesitada de diálogo y de convenciones eficaces que cesen con las contiendas bélicas. En una época como la nuestra en que tanto se desea la paz, ésta se ve más amenazada que nunca. Las nuevas guerras que se quieren legitimar para la resolución de conflictos y evitar males mayores generan nuevas espirales de violencia, son difícilmente controlables y desgraciadamente no desembocan en la paz.

La aportación más original a la paz es la de Jesucristo con su llamada al amor a los enemigos. Ésta, bien interpretada, se hace amor creativo, transformador, revolucionario, liberador de los pobres y constructor de justicia. La propuesta moral de una paz justa desde la perspectiva cristiana está más allá de las propuestas belicistas, o de la imperialista pax romana, o de la moral medieval de las guerras justas. La ética de la paz se fundamenta en una ética de la verdad y de la justicia que comporta la propuesta de un nuevo orden económico internacional igualitario, de modelos de desarrollo solidarios con el mundo empobrecido y respetuosos con la naturaleza como casa común de la humanidad.

José Mario Vázquez Carballo.

Vicario General de la Diócesis de Lugo