INDALECIO GÓMEZ VARELA | CANÓNIGO DE LA CATEDRAL DE LUGO

Pascua ¿misterio de dolor o de gozo?

abril 10, 2021 · 17:42 X

La Pascua cristiana es dolor y es gozo. La espiritualidad cristiana ha puesto alternativamente el acento unas veces en la cruz, y otras en la resurrección.

La iglesia latina acentuó preferentemente el misterio de la cruz, sobre el misterio de la resurrección. En este comportamiento influyó mucho San Anselmo, quien, al presentar la redención realizada por Cristo, abunda en su pasión y muerte, y prescinde de la resurrección. Según él, con la muerte de Jesús, terminaba la redención y, por consiguiente, la misión del Hijo de Dios en la tierra.

Muchas órdenes religiosas se han inspirado para su espiritualidad, en la cruz y en la pasión del Señor: (Pasionistas, la Sociedad de la Preciosísima Sangre, Los Estigmáticos…) Y muy pocos se inspiraron en la Resurrección. Por contra, en la época inmediatamente anterior y posterior al Concilio Vaticano II, se ha hecho resaltar casi exclusivamente la resurrección y la alegría y fiesta pascual. Ambas posturas acusan un cierto desequilibrio, ya que el Misterio Pascual se integra de muerte y de resurrección. Entraña, dolor y gozo. Y así tenemos que contemplarlo nosotros: como misterio de dolor y de gozo, y también de responsabilidad.

Misterio de dolor, porque el Señor en la pasión sufrió mucho en su cuerpo y en su espíritu: los azotes que flagelaron sus espaldas; las espinas que acribillaron sus sienes; las bofetadas de los soldados; las caídas en el camino del calvario; los clavos que horadaron sus manos y sus pies… Fue mucho lo que Jesús padeció en su cuerpo durante la pasión; pero aún fue más atroz lo que tuvo que padecer en el alma. Recordemos la traición de Judas, la agonía de Getsemaní, el proceso al que le sometieron: calumniado; propuesto Barrabas; rechazado por el pueblo; abandonado del Eterno Padre: «¡Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?», y todo esto sufriéndolo y ofreciéndolo al Señor por mí. Así de inmenso fue el dolor que le costó a Jesús mi redención.

Pero la pascua también es gozo, es triunfo, es victoria total, porque la vida de Jesús no terminó en un sepulcro lleno, sino en una tumba vacía. De ese sepulcro vacío sale una voz que grita: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! ¡Qué alegría para su Madre! ¡Qué gozo para María Magdalena! ¡Qué satisfacción para Juan, para los de Emaús y también para Tomás! Pero, sobre todo  ¡Qué triunfo y qué gozo para el propio Jesucristo!

¿Dónde queda la pobreza de Belén? ¿El odio de Herodes, el destierro de Egipto, el trabajo de Nazaret, el rencor satánico de los escribas y fariseos?

Jesús, nuestro Maestro, nuestro entrañable amigo, ha triunfado plenamente de sus enemigos y de la muerte.

Con Jesús han resucitado sus palabras: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», «Vosotros sois mis amigos» «Los que permanezcan conmigo en la lucha, tendrán parte conmigo en el premio» Han resucitado sus promesas ¡Cristo ha resucitado! Gocémonos con Él; pero, sobre todo, ¡Resucitemos con Él, porque la pascua es dolor, es gozo y también es compromiso!

Indalecio Gómez Varela

Canónigo de la Catedral de Lugo