EL PROGRESO | 24 de septiembre de 2017

Mucha oración y reiniciar el sistema

septiembre 24, 2017 · 8:00 1

Comienzo contándoos algo que me pasa con bastante frecuencia. Mucha gente acude a mí, no solo para auxilio espiritual, sino también por problemas informáticos y telefónicos, por llamarlos de algún modo.

Ya saben: “¿cómo se hace tal cosa?”, “no me funciona esto”, “me apareció esto aquí”. Habitualmente son cosas muy sencillas de arreglar y lo hago sin mayor problema. Por eso, cuando me preguntan cómo lo hice, respondo de forma irónica diciendo que hay cosas que solo salen con mucha oración. Pero lo único que hago es apagar y volver a encender, o dicho de otra forma, “reiniciar o resetear”. Si la cosa es muy grave, la intervención tiene que ser más agresiva y hay que restaurar el sistema, volviéndolo a los valores de fábrica. Otras veces hay que formatear o poner un disco duro nuevo además de ampliar memoria. Es frecuente que los equipos se vuelvan lentos por virus o por acumulación de archivos y aplicaciones de todo tipo que no sirven para nada. Ya, en el peor de los casos, no queda otra opción que comprar un equipo nuevo porque el que teníamos se quedó obsoleto y no cumple con las exigencias actuales.

No soy experto ni técnico ni científico, pero es fácil pensar que los móviles, que no se apagan nunca, acaban saturados y fallando. Hasta las máquinas necesitan un pequeño descanso o desconexión para empezar de nuevo y funcionar correctamente. Se trata de que el sistema ponga las cosas en su sitio.

Otras veces las máquinas encienden mal y se produce un fallo en el proceso de arranque. Cuando esto pasa, la única opción es empezar de nuevo para hacer el proceso completo sin saltarse ningún paso.

Pues si así ocurre con las máquinas que solo hacen una cosa y siempre del mismo modo, y no tienen sentimientos y alma, piensen ahora cuánto más las personas.

Pienso que esto mismo también sirve para la Iglesia y todos los que la formamos. Todos necesitamos rezar más, mucha oración, y nunca mejor dicho, y también reiniciar el sistema o restaurarlo por completo para poner en marcha con fuerza  la Nueva Evangelización.

En la vida de muchos cristianos y de la Iglesia hay muchas cosas que no funcionan: vamos a remolque y cansados, se saltan pasos en el proceso de iniciación, o no damos los pasos correctos.

No podemos volver a la edad de 5 años, pero sí podemos nacer de nuevo, como le dijo Jesús a Nicodemo. Necesitamos retiros, momentos de oración (mucha oración), ejercicios espirituales para hacer un alto en el camino diario y restaurar nuestros sistemas para comenzar de nuevo y encontrarnos de verdad con Jesucristo. ¿Cuántas veces para arreglar una casa en ruinas hay que tirar todo y hacerla de nuevo?

No es nada distinto a lo que hizo Jesucristo: “Destruid este Templo y en tres días lo levantaré […] Pero él se refería el Templo de su cuerpo” (Jn 2, 19-ss). Morir al hombre viejo y resucitar al hombre nuevo.

Esta tarea nos puede asustar un poco por miedo a perder lo que ya tenemos (casi tanto como perder los contactos del móvil). Pero si no lo hacemos, corremos el peligro de que la casa termine siendo un montón de escombro cubierto de zarzas.

Miguel Ángel Álvarez Pérez

Párroco de san Froilán

 

 

Foto: Cathopic.com

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