Mario Vázquez Carballo

Domingo de Ramos: ¿Una revuelta política?

marzo 24, 2018 · 16:16 0

La fiesta del Domingo de Ramos es una de las celebraciones y manifestaciones populares católicas más concurridas y multitudinarias de la Semana Santa. Por algo es el pórtico de la Semana Grande de la cristiandad que comienza con un tono festivo en el que se reproduce, con gran participación de todas las generaciones, especialmente de los niños y jóvenes, aquella alegre entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

De hecho, en nuestra ciudad de Lugo y en muchas villas de nuestra Diócesis, las procesiones del Domingo de Ramos tienen un gran arraigo.  En contra de lo que algunos pensadores y teólogos cristianos pensaron (Reimarus, Brandon…), el acontecimiento de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén no fue por causa de un movimiento político contra el poder establecido, similar al movimiento de los zelotas. En el ambiente tenso que se vivía entonces en Palestina, especialmente por las concentraciones masivas durante la Pascua en Jerusalén, con la vigilancia de los militares romanos desde la Torre Antonia, estos movimientos se hubiesen reprimido fácilmente.

Por eso, desde las fuentes cristianas de que disponemos, podemos afirmar que fue un acontecimiento sencillo de aclamación popular, en el que algunos habitantes de Jerusalén acogieron con sencillez y expresión de gran afecto, con ramos de olivos y palmas, al Maestro de Nazaret. La verdad es que el Maestro humilde que había alborotado a las masas, montado en una borriquilla,  era una figura política de poca transcendencia, comparada con los grandes fastos de los triunfadores imperiales en las campañas bélicas que se celebraban en Roma.

Nuestra antigua tradición popular de Ramos ha sellado mi infancia. La recuerdo con gran ilusión en compañía de mi madre y familiares. La preparábamos con tiempo. Adornábamos los ramos con naranjas y golosinas. Y cantábamos en las procesiones alrededor de las iglesias y ermitas de nuestros pueblos. Una tradición que en Lugo ciudad, no solamente no se ha perdido, sino que está floreciendo.  La procesión  conocida popularmente como de la Borriquita, fundada en 1943 con el esfuerzo y el tesón de la gran entusiasta Rosita (q.e.p.d.) y con los niños de la catequesis de la Parroquia de San Froilán de Lugo, mantienen hoy el mismo carácter de espontaneidad y sencillez.

Según datos muy recientes, el “boom” de la piedad popular engancha a mayores y jóvenes en medio del desierto de la incredulidad y de la secularización. En los últimos veinte años, los cofrades en España (en Lugo han crecido también) han pasado de un millón a tres millones de miembros. Es el movimiento asociativo más significativo e importante de España.

Acabada la procesión de Ramos, la liturgia adquiere un tono más meditativo. En Lugo, entramos en la Catedral. Comienza la Eucaristía. Escuchamos y meditamos la pasión. Y nos sumergimos ya en el clima que debe recordar esta semana, a la que la tradición de la Iglesia ha calificado como “santa”.  Cristo nos enseña a entender la realidad del sufrimiento. Como dijo Bonhöeffer, “sólo un Dios que sufre –en el silencio- puede salvarnos”.

Ojalá también nosotros, iluminados por la luz radiante de la fe, afirmemos con el Cristo del domingo de Ramos, en silencio o con aclamaciones, que: “Realmente este hombre era (y es) el Hijo de Dios”.

J. Mario Vázquez Carballo.

Vicario General de la Diócesis de Lugo

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